«Las mejores tecnologías son aquellas que nos ayudan a conectar más con las personas que tenemos al lado, con el mundo que nos rodea y con las experiencias que vamos a recordar dentro de muchos años», defiende Laura Cuesta, la experta digital que ha elaborado, en colaboración con la marca española de tecnología SPC, el Primer compromiso digital familiar por edades y nos guía para acertar en el «proceso de alfabetización digital» de nuestros hijos.
Afirma la psicóloga Elena Dapra que la evidencia psicológica apunta a que suele ser más beneficioso establecer momentos concretos para revisar mensajes, correos y notificaciones al móvil. Y es que, ¿te has parado a pensar cuántas veces consultas la pantalla de tu smartphone aún sabiendo que no hay nada nuevo?, o, ¿cómo WhatsApp, una herramienta social, nos hace estar hiperdisponibles incluso sin necesidad?
Si nosotros mismos estamos «enganchados» al teléfono móvil, ¿podemos pretender que nuestros hijos no lo estén? Del uso que hacemos de la tecnología y que enseñamos a los menores de la casa charlamos con la experta en educación digital Laura Cuesta.
ANTES DE DARLE SU PRIMER MÓVIL A TUS HIJOS, DEBES PASAR POR UN PROCESO DE ALFABETIZACIÓN DIGITAL Y MEDIACIÓN PARENTAL
Llegan las vacaciones y las rutinas cambian, los niños no se ven con sus amigos en el cole, muchos se van fuera con abuelos… ¿es un buen momento para darles su primer móvil?
Si es el primer dispositivo tecnológico que utiliza, máxime un smartphone, la respuesta es no. Y no es una duda menor ya que según un estudio reciente de SPC, 7 de cada 10 padres reconocen sentir inseguridad o falta de preparación ante el primer móvil de sus hijos, y más de la mitad admite haber sentido presión del entorno. Cuando damos tecnología a nuestros hijos esto debe venir acompañado de un proceso, la alfabetización digital y mediación parental, que incluye la educación, orientación y supervisión de su actividad en el entorno digital de manera progresiva y mediante la conversación, el diálogo y la escucha activa. Es tiempo de dedicación e implicación. De normas, límites y acuerdos.
No nos podemos saltar los pasos más importantes y llegar al punto final que es la entrega del dispositivo.
Si, en este caso, la necesidad fuera de la familia, de poder contactar con sus hijos, llamarles, saber dónde están con seguridad sin estar preocupando constantemente a los abuelos, para esto hay otros dispositivos más adecuados para los menores como los smartwatches infantiles. Eso sí, siempre que solo tengan la funcionalidad de llamadas, chat familiar y geolocalización. Un menor de edades tempranas no necesita IA, mensajes de WhatsApp ni videojuegos en un reloj.
Por todo esto, la mejor recomendación es comenzar con un dispositivo evolutivo como el nuevo que ha lanzado la marca española de tecnología para las familias SPC, WUUM ONE, que nos permite pasar desde un simple reproductor de música o cámara más llamadas para esas edades tempranas, a ir abriendo funcionalidades tecnológicas (como juegos, mensajería o redes sociales) según la edad, madurez y responsabilidad del menor a través de su solución de acompañamiento familiar, SPC Circles que ya viene instalada de serie en el dispositivo.Las vacaciones suelen implicar más tiempo libre y menos rutinas.
¿Cómo afecta esto al uso que hacen los niños de la tecnología y, en particular, del móvil?
Obviamente sabemos que, en verano, como en cualquier otra época vacacional hay mucho más tiempo libre y, por tanto, más tiempo de ocio. Las familias se preocupan porque entre tantas horas sin actividad lectiva va a haber mucho más tiempo de pantallas y sí es verdad. Pero también habrá más tiempo de juego libre, más tiempo de deporte, más tiempo de pasar con los amigos y familia, o, incluso dormirán un poquito más que en el resto del año…
Lo importe es que, aunque no sea como en el resto del año, los niños y adolescentes tengan unas rutinas para que sepan que deben tener su tiempo organizado: campamentos, piscina, deporte, rato de ocio y entretenimiento son o sin tecnología y, por la noche, el siempre innegociable tiempo de descanso.
Conscientes de ello, junto a SPC he elaborado el , que permite personalizar las normas según la edad y la madurez de cada niño y el momento de cada familia, también el de las vacaciones. No es un listado de prohibiciones si no, un acuerdo que se firma en las dos direcciones, porque tanto los hijos como los padres asumimos nuestros compromisos, y que se revisa y cambia a medida que el niño crece.
Muchas familias sienten que en verano «se relajan» las normas digitales. ¿Es recomendable flexibilizar los límites o conviene mantenerlos igual que durante el curso?
En cualquier periodo vacacional los niños y adolescentes tienen mucho más tiempo libre y nosotros, como padres y madres, debemos pensar cómo organizar de la manera más saludable y equilibrada ese tiempo libre.
Por un lado, con actividades de ejercicio y deporte, que podremos encontrar recurriendo a campamentos, aulas urbanas y tiempo con amigos y familia. Por otro, con actividades educativas, como la lectura, los juegos o visitas a museos, por ejemplo. Por supuesto, el ocio y entretenimiento no debe faltar en sus vacaciones escolares, que puede ser «con o sin pantallas», y aquí es donde tendremos que asegurar que las horas de conexión no excedan de tal manera que roben tiempo a las horas que deben pasar sin pantallas. Y por último y no menos importante el tiempo de no hacer nada, del aburrimiento, que es cuando más pueden fomentar su creatividad y desarrollar su imaginación.
¿Cuál sería, en tu opinión, el mayor riesgo de un uso excesivo del móvil durante las vacaciones estivales?
Tanto en vacaciones como en época lectiva, el riesgo de un uso abusivo o problemático del móvil o de cualquier otro dispositivo tecnológico (como la consola) es que vayan robando horas a las indispensables actividades que el menor tiene que seguir haciendo sin tecnología. Es decir, que el tiempo que pasan con el móvil desplace las horas que deben estar con sus amigos, las que deben pasar con la familia, a salir a jugar a la calle, a leer, a hacer deporte o, lo más importante, a descansar y dormir.
Por el contrario, ¿qué usos positivos de la tecnología pueden potenciar los padres en verano?
Durante años hemos planteado el debate como una elección entre tecnología sí o tecnología no durante nuestras vacaciones o momentos familiares. Y quizá la pregunta correcta sea otra. No deberíamos preguntarnos cuánto tiempo pasamos con tecnología. Deberíamos preguntarnos para qué la utilizamos. Porque una hora creando recuerdos, explorando las estrellas, descubriendo nuevos tipos de plantas o planificando una aventura familiar no tiene nada que ver con una hora consumiendo contenidos de forma automática.
Las mejores tecnologías son aquellas que nos ayudan a conectar más con las personas que tenemos al lado, con el mundo que nos rodea y con las experiencias que vamos a recordar dentro de muchos años.
Si conseguimos eso, quizá este verano no necesitemos menos tecnología. Quizá simplemente necesitemos una tecnología mejor utilizada. Porque al final, lo que recordarán nuestros hijos no será la aplicación que usamos. Recordarán las risas durante el viaje, la canción que sonaba en el coche, el eclipse que vimos juntos o aquella tarde en la que descubrimos una estrella, una planta o un lugar nuevo. Y si la tecnología nos ayuda a vivir más momentos así, entonces estará cumpliendo exactamente el papel que debería tener en nuestras vidas.
Las vacaciones de verano no son el mejor momento para darle el primer móvil a nuestros hijos. Cuando damos tecnología a nuestros hijos esto debe venir acompañado de un proceso, la alfabetización digital y mediación parental
LAURA CUESTA
En viajes largos, restaurantes o momentos de espera, el móvil se convierte en un recurso fácil. ¿Estamos abusando de él como herramienta para entretener o calmar a los niños?
Aquí hay que diferenciar muy bien las situaciones. Una cosa es cuando vemos a los bebes «empantallados» en sus carritos y la tecnología se usa como «chupete digital», es decir, normalmente para calmar las emociones propias de estas edades, como las rabietas, y los llantos, etc. En este caso su uso no está nada recomendado, ya que lo que estamos haciendo es, por un lado, sobre estimular a los niños de edades tempranas con recursos digitales que pueden retrasar su desarrollo cognitivo y, por otro, esconder y no darles la capacidad de desarrollar su capacidad de enfrentarse a las emociones.
Pero otra cosa es cuando, de manera puntual utilizamos un dispositivo con un cuento o una canción, siempre supervisado por nosotros, en situaciones estresantes para ellos y que no podemos calmar de otra manera como dentro de un avión, un coche, en la sala de espera del médico, etc. Ahí la tecnología no desplaza ninguna otra actividad saludable que pudiera estar haciendo el menor en vez de estar con el dispositivo.
Por ello, no culpabilicemos siempre a todos los padres y madres, porque muchas veces no llegamos a todos, porque muchas veces, necesitamos solo cinco minutos para sentaros un momento al llegar a casa, porque a veces solo necesitamos poder darnos una ducha…
¿Qué señales deberían alertar a los padres de que su hijo está desarrollando una relación poco saludable con la tecnología?
Más que fijarnos en «horas de pantalla», que puede ser un indicador para organizar el tiempo de uso, pensemos en cómo afecta el uso de la tecnología nuestro o a nuestra hija… Los riesgos digitales no aparecen exclusivamente por los diseños algorítmicos oscuros y adictivos de la tecnología, sino por la ausencia de acompañamiento familiar, y la falta de criterio y autocontrol.
¿Cuándo podemos detectar que el uso de la tecnología comienza a ser un problema?
– Cuando las horas de pantalla sustituyen actividades esenciales del día a día de los menores (juego, actividad física, sueño, etc.).
– No existen normas ni límites ajustados en el uso de dispositivos y los menores no aprenden autocontrol y autorregulación.
– La exposición a ciertos contenidos aumenta la comparación social, el estrés o la presión del grupo.
Bajando a tierra las preocupaciones de un padre o unas madres, señales claras que nos hacen ver que debemos iniciar una conversación:
· Necesidad constante de conexión.
· Cambios bruscos de humor asociados a quitar el móvil o la consola.
· Dificultad para dormir o levantarse.
· Aislamiento de amistades presenciales y de planes familiares.
· Notas que bajan sin motivo académico claro.
· Uso compulsivo de redes o videojuegos.
· Estrés por comparación social o imagen corporal.
· Mentir sobre tiempos o dispositivos.
· Pequeños hurtos y compras que no saben explicar.
¿Qué recomendaciones prácticas daría a las familias para supervisar sin invadir?
El bienestar digital debe entenderse desde un enfoque preventivo, no reactivo. Se trata de anticiparse, crear hábitos digitales saludables, construir seguridad y fortalecer habilidades emocionales. Por ello se trata de acompañar y orientar a nuestros hijos en el proceso de alfabetización digital, no de espiarles. La confianza y la comunicación son más efectivas que la vigilancia constante.
Necesitamos también el apoyo de la industria tecnológica y el compromiso por parte de las marcas de querer acompañar en este camino a las familias. Y es lo que he encontrado en SPC y en su solución digital SPC Circles.
¿Cómo podemos fomentar que los niños se desconecten del móvil y vuelvan a disfrutar de actividades más analógicas, como el juego al aire libre o la lectura?
Si mantenemos las normas que tenemos durante el periodo lectivo, hemos de pensar que deberemos ser algo más flexibles con el uso de pantallas, al tener muchas más horas libres al día para llenar de actividades. Pero lo que sí o sí debemos mantener son aquellas que, a nosotros como familia, nos parezcan fundamentales, como el evitar el uso de pantallas antes de dormir para promover un mejor descanso, no utilizar los dispositivos durante las comidas y reuniones familiares o con amigos, o no tener los dispositivos en las habitaciones.
En esta época, sería bueno promover que, durante las actividades en el exterior, como cuando se vaya a la playa, la piscina, a hacer deporte o una excursión, se dejen los dispositivos en casa para disfrutar de la experiencia en familia y fomentar así un equilibrio entre la vida digital y la vida real, y fortalecer las relaciones personales.
¿Qué papel juega el ejemplo de los padres en esta época del año, cuando también solemos usar más el móvil por ocio?
Debemos ser los primeros referentes para nuestros hijos con el uso de la tecnóloga y sin ella. Al ser conscientes de nuestro propio uso de la tecnología y mostrar un comportamiento equilibrado, los adultos pueden influir positivamente en los hábitos digitales de los adolescentes y jóvenes, enseñándoles a valorar tanto las actividades que hacen online como el tiempo que deben cultivar sin conexión. Las niñas, niños y adolescentes aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Si las personas adultas desconectan en las comidas o por la noche, ellos y ellas también lo harán.
Como padres, no nos culpabilicemos si, de forma puntual, le dejamos el móvil a nuestros hijos, en esos momentos en que la tecnología no desplaza ninguna otra actividad saludable que pudiera estar haciendo el menor en vez de estar con el dispositivo. LAURA CUESTA
Si tuviera que dar tres normas básicas para gestionar la tecnología en vacaciones de forma equilibrada, ¿cuáles serían?Ahí van:
1. Es fundamental establecer rutinas y horarios, fomentando la idea de que la tecnología y los dispositivos son solo una parte del ocio, y deben compartirse con actividades al aire libre, deportes, lectura y, por supuesto, el tiempo familiar.
2. El acompañamiento también implica ser un modelo de equilibrio: mostrarles cómo equilibrar el tiempo de juego con otras actividades. Los niños aprenden por imitación, por lo que, si los padres demuestran un uso saludable de la tecnología, los hijos adoptarán ese ejemplo.
3. Y luego hay algunas otras pautas que podemos poner en práctica para que, tanto mayores como adolescentes, podamos disfrutar un poco más de los planes veraniegos: desactivar las notificaciones tanto del mail como del resto de aplicaciones, especialmente de herramientas de mensajería como WhatsApp, Telegram o de gestión como Slack; configurar el sonido de nuestro móvil para tener el volumen solo activo o alto para las llamadas, y sin sonido para el resto de las opciones; configurar el límite del tiempo de uso de las aplicaciones, sobre todo de aquellas que creamos que más nos enganchan (Instagram, TikTok, Twitter), o establecer periodos de tiempo de inactividad, durante los cuales solo estarán disponibles las apps que decidas permitir y las llamadas de teléfono; poner los dispositivos de los menores en modo avión por las noches para que no perturben su sueño por las notificaciones de aplicaciones y juegos.
Porque un verano saludable y feliz es posible para que todos lleguemos con las pilas cargadas para re-conectarnos al nuevo curso que tendremos por delante.
Puedes leer la entrevista en Telva aquí: